La mujer de 67 años que se quejaba de dolor en el pecho me pareció sumamente agradable; no se veía preocupada o alarmada por lo que fuese la causa de su molestia. Vive sola, me contaba, y es el último ser viviente en su familia. Su padre y su madre, quienes no tuvieron hermanos o hermanas, habían muerto hace un largo tiempo atrás. Estaba acostumbrada a cenar sola, caminar sola…a resolvérselas, como decimos los hispanos, sola. No tiene automóvil y no le gusta el transporte público; le place caminar a todas partes. Bueno para el corazón – pensé, aun sin saber la causa de su dolor.
Comencé por preguntarle sobre posibles factores de riesgo para el desarrollo de enfermedad coronaria. ¿Tenía la buena mujer diabetes, presión alta, colesterol alto, historial de uso de cigarrillo? Nada. Además, a simple vista, se veía en su peso ideal y ya sabía lo mucho que caminaba. “Pues me estaría raro que su dolor se deba a bloqueos en las arterias del corazón” – le dije pensando que daba una buena noticia. “A mí me parece que mi corazón se encuentra sano, doctor” – me dijo para apoyar mi aseveración. “Además, realmente no vine al hospital por el dolor en el pecho; es mínimo” “¿Y entonces porque vino?” – le pregunté. “Desde hace una semana el seno izquierdo me sangra” – dijo la mujer removiendo la colcha que le tapaba la bata cubierta en sangre.
Le miro el pecho con ojos de vaca cagona. Asustado…como el que teme abrir la cortina por miedo de lo que puede estar escondido. Sin duda la mujer percibe mi sorpresa; el miedo crudo e instintivo que tantas veces se esconde detrás de una bata blanca, un estetoscopio y la pereza de lo repetitivo. Esta vez se me notó; mi pánico hubiese sido suficiente para que me reprobaran en uno de esos exámenes ridículos en donde los estudiantes de medicina tienen que entrevistar a un paciente estandarizado quien finge alguna enfermedad. Como si de alguna forma el teatro te preparara para la vida real. ¡Creyente!
Me pareció insólito el hecho de que la mujer aun viendo el miedo en mis ojos ni se inmutó. Quizás se lo esperaba…o se encontraba completamente ajena a la realidad. Comencé poco a poco a exponer sus pechos para finalmente ver lo que en realidad me temía y no quería ver. Su seno izquierdo no se dejaba ver, atropellado por una masa del tamaño de una guanábana, o una toronja. La masa sangraba; esa era la causa de su dolor en el pecho.
“¿Usted está consciente de que tiene un crecimiento anormal en su pecho?” – le pregunté, claramente obviando el termino cáncer. “Comencé a notarlo hace aproximadamente un año” – me dijo como si comentara sobre las canas en el pelo. Es la clase de contestación que dan ganas de gritar “¿Y porque carajo no buscaste ayuda de un médico entonces?” Pero el filtro mental ayuda en estos casos.
Nunca había visto un ejemplo de negación como éste. En mi mente no cabe la posibilidad de que una persona funcional pueda pensar que un tipo de crecimiento como del que estamos hablando sea algo normal o benigno. Tiene que ser negación; “big time”.
No puedo olvidarme de la cara de la señora. Sonriente, en total contraste con mi expresión de tristeza, pánico y confusión. Sola en este mundo. ¿Podría ser su soledad la raíz de la negación? ¿Y si no es negación, sino simplemente indiferencia? ¿Indiferencia a qué? Pues a la vida o a la muerte; ¿A qué más? La imagine caminando sola por las calles de Baltimore; su ánimo tan igual al pulso moribundo de la ciudad. Sentí compasión…por su cáncer, por sus pérdidas, por su sonrisa engañada, por las cartas que le tocó jugar.
Un taco en la garganta, de esos que sólo se sienten esporádicamente en mi profesión, quebrantó mi voz hasta el punto que no parecía mi voz, sino la de otro. “Señora, lamento comunicarle que usted tiene cáncer de mama, probablemente desde hace un año” – le dije finalmente. “Habrá que admitirla al hospital”
Su sonrisa se desvaneció momentáneamente y su vista se perdió entre las cuatro esquinas de aquel cuarto de examen…sólo para pronunciar la palabra “OK”
La señora volvió a reír…al mismo tiempo me sumergía en el laberinto del comportamiento y la existencia humana; mi pan nuestro de cada día.
Nota adicional: El cáncer de mama es el cáncer más común en las mujeres. Es importante que las mujeres conozcan del mismo y sepan reconocer los síntomas. Por favor, lean la siguiente información.




1 comments:
Los ginecólogos y los cardiólogos tienen muchos puntos en común. Las hormonas ováricas/testiculares influyen de una manera significativa en el riesgo cardiovascular. El Dr. Rivera, acostumbrado a los dolores precordiales propios de su quehacer clínico, se ha encontrado con una mujer con ese dolor que no encajó con lo que un cardiólogo espera encontrar. El proceso de negación de la enfermedad es frecuente en aquello que define a la mujer. En la actualidad es infrecuente que se produzcan esos casos avanzados de cáncer mamario por la información de los medios de comunicación, pero... El miedo, las emociones, la falta de una persona de confianza, nos puede jugar una mala pasada. También ocurre algo parecido con el cáncer de vulva, una enfermedad de mujeres de edad muy avanzada, que por pudor no acuden al médico, favoreciendo la progresión de la enfermedad. Los hombres tampoco escapan al miedo "a las malas noticias". El miedo es libre, no paga impuestos (de momento) y se puede tener todo el que uno quiera.
En GineBlog nos hemos hecho eco del caso registrado en Corazón Hispano... incluso me he atrevido a poner una foto de un caso avanzado (no apto para personas sensibles).
Solo la educación sanitaria puede reducir la mortalidad por enfermedad cardiovascular, la principal causa de mortalidad en las mujeres de mas de 50 años, por delante de todos los cánceres juntos, por delante del síndrome de Alzheimer, etc. Solo la educación sanitaria permite aprovecharse del diagnóstico precoz del cáncer. La salud de la mujer y la salud del corazón son bienes muy preciados y la prevención la principal herramienta para mantenerlas.
Más información en: http://www.lacoctelera.com/gineblog/post/2008/10/07/vacuna-prevenir-cancer-mama
Saludos del Dr. Stockmann
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